Cada rincón tiene una historia

 Hoy, mientras revisaba mi teléfono, me encontré con una imagen que me hizo sonreír. Era un rincón con una banca adornada de luces, palmas a los lados… y, en un instante, me transporté.


La foto no solo me mostraba un lugar: me contaba la historia que viví ahí, en ese preciso momento.

La mente es fascinante: no reconoce pasado, presente, ni futuro. Cuando algo conecta con el corazón, crea. Así que, al mirar esa imagen, no solo reviví la alegría que sentí… también estaba sembrando nuevos momentos que me harán sentir así una y otra vez.

Ese instante de conciencia me llevó a una decisión: elegir qué quiero ver en mi celular, pero, sobre todo, qué quiero vivir cada día. Y si lo capturo en mi teléfono, mejor aún: se convierte en una puerta para volver a mí.

 Y aquí llega otra reflexión: si como es adentro, es afuera, entonces cada lugar que vivo es un espejo de mi interior. Si miro a mi alrededor y me gusta lo que veo, sentiré paz. Y claro que me va a gustar… porque lo estaré observando con la intención de reconocerme.
Aunque no siempre podamos cambiar el lugar en sí, siempre podemos cambiar la perspectiva desde la que lo miramos. Estoy convencida: siempre hay algo bello que encontrar alrededor.

A partir de esa foto, me quedo con tres recordatorios:

  1. Vivir cada momento de la mejor manera.

  2. Amar cada lugar que se suma a mi historia.

  3. Capturar imágenes que me regresen a esos instantes… para reencontrarme conmigo.

Porque, al final, en cada momento, en cada recuerdo, en cada instante… siempre estoy.

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